martes, 8 de diciembre de 2015

Fundamentos de mi intimidad con Dios: Principio de Vida 3


PRINCIPIO DE VIDA 3

La Palabra de Dios es ancla inconmovible en las tormentas.

    Las promesas de Dios son esenciales para nuestro bienestar espiritual.




Dios no quiere que nos involucremos en nada que contradiga las Escrituras.

Números 23.19
Las palabras del rey Darío resonaban en la mente de Daniel mientras sus servidores lo bajaban al foso de los leones. «El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre» (Dn 6.16). Los encargados pusieron entonces una pesada piedra sobre la entrada al recinto subterráneo.
Aun después de evaluar la gravedad de su situación, Daniel no vaciló en su fe. La mañana siguiente el rey Darío encontró a Daniel ileso y proclamando: «Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño» (vv. 21, 22).
¿Cómo sobrevivió Daniel? ¿No tenían hambre los leones? Los historiadores cuentan que a los animales usados para ese tipo de ejecuciones se les dejaba varios días sin alimentar, para asegurarse de la muerte de los acusados. Pero la suerte de Daniel nunca estuvo en manos de los hombres. Su vida pertenecía a Dios, y ahí radica la victoria. Daniel sobrevivió por poner su confianza en Dios, y su fe en las promesas divinas.

La Palabra de Dios es, por consiguiente, una brújula, una guía y un libro de instrucciones para la vida. Así como usamos manuales de instrucciones en el trabajo o en la cocina, también debemos usar la Palabra de Dios como nuestra fuente de sabiduría y verdad. A nadie se le ocurriría hacer un pastel sin una receta, y ningún mecánico montaría un motor sin un manual.
Cada uno de nosotros puede recordar ocasiones en las que deseamos haber tenido una palabra certera de parte de Dios, algo a qué aferrarnos para cuando surgieran las dudas y el temor. Dios sabe cuándo necesitamos ánimo, guía y esperanza. Es por eso que nos ha dado promesas concretas en su Palabra, para que podamos entender su naturaleza y confiar en Él. En los momentos emocionalmente devastadores, las promesas de Dios son esenciales para nuestro bienestar espiritual.
Algunas de las promesas de Dios son condicionales (véase «¿Cómo puedo reclamar las promesas de Dios?», cerca de He 10.23), pero podemos tener fe en todas ellas. Sin embargo, no se trata de nombrar y reclamar una promesa; las promesas deben estar acompañadas de oración y de un ardiente deseo de conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas. Aunque Dios quiere que todos experimentemos lo mejor de Él, también desea que conozcamos y disfrutemos su presencia de un modo personal que exprese su suficiencia de la mejor manera posible. Reclamar una promesa sin la guía de su Espíritu Santo nos conducirá a desengaños, desilusiones y frustraciones.
A veces, Dios trae un pasaje específico a nuestra mente que da esperanza y certeza a nuestros corazones. En otros momentos, nos motiva a orar y buscar su sabiduría en un asunto específico. Si acudimos a Dios con fe, Él nos guiará de acuerdo con su voluntad. Esto, por supuesto, no sucederá de la noche a la mañana. Muchas veces, Dios quiere que meditemos sobre cierto pasaje bíblico durante cierto tiempo antes de darnos su dirección.

Pero Dios honró la actitud de David y le dio una promesa maravillosa: «Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente» (2 S 7.16). Dios siempre honra nuestro deseo de buscar su dirección y sabiduría. Si venimos a Dios esperando su respuesta, Él nunca nos decepcionará.
Cuando el rey David buscó el corazón de Dios en cuanto a su deseo de construir el templo, la Biblia dice: «Y entró el rey David y se puso delante de Jehová» (2 S 7.18). David no ordenó a sus hombres que comenzaran la construcción. Esperó la dirección de Dios, e hizo bien, porque el Señor quería que fuera Salomón, el hijo de David, quien hiciera el trabajo.
En el tiempo de Daniel, Dios hablaba por medio de visiones, sueños y, a veces, audiblemente. Hoy habla principalmente por medio de su Palabra, porque no quiere que nos involucremos en nada que contradiga las Escrituras. Cualquier versículo puede ser sacado de contexto y tergiversado. Pero si somos fieles a la Palabra de Dios y la interpretamos en su contexto, sabremos aplicar los preceptos y las promesas del Señor a nuestras vidas, y encontrar fortaleza para aferrarnos al Señor en las situaciones más difíciles. En vez de ser lanzados emocionalmente de un lado a otro, aprendemos a permanecer firmes en nuestra devoción y confianza en Cristo.
Por tanto, considere las promesas de Dios sus anclas espirituales. Una vez que aprenda a seguirle, siga su dirección dondequiera que Él le dirija, porque el Señor nunca deja de cumplir sus promesas. Más bien, le está enseñando a depender de Él por medio de la meditación en su Palabra y la atención a su voz.
¿Esta usted dispuesto a esperar pacientemente que Él cumpla todo lo que le ha prometido, y a que le rescate como lo hizo con Daniel? Nunca trate de imponerle su tiempo a Dios. Por el contrario, aférrese a Él, ancle su corazón a su Palabra, y déjele espacio para que lo haga todo de acuerdo con su plan y en su tiempo. Usted se alegrará de haberlo hecho.

Fundamentos de mi Intimidad con Dios: Principio de Vida 2


PRINCIPIO DE VIDA 2

Obedezcamos a Dios y dejemos las consecuencias en sus manos.

    La desobediencia siempre tiene repercusiones terribles.


Obedecer a Dios es esencial para agradarle.


Éxodo 19.5
La obediencia puede resultar difícil, sobre todo cuando nos sentimos tentados a creer que siendo obedientes vamos a perder más de lo que podemos ganar. Sin embargo, obedecer a Dios es esencial para agradarle, no sólo en los momentos de tentación sino en todo momento.
Cuando Dios nos manda obedecerle, está dándonos un principio por el cual debemos vivir. También está poniendo una armadura alrededor de nuestras vidas que forma una valla de protección del mal.
¿Puede usted recordar la última vez que tuvo la tentación de hacer lo contrario a lo que sabía que Dios deseaba que hiciera? Lo más probable es que hubo una lucha en su corazón. Surgieron las preguntas:¿Tendré que pagar un precio más alto por obedecerle que por desobedecerle? ¿Puedo experimentar más felicidad cometiendo este pecado, en vez de obedecer a Dios?

Cuando elegimos obedecer a Dios, escogemos el camino de la sabiduría. Sus promesas de bendición por la obediencia sobrepasan ampliamente todas las posibles consecuencias. El Señor nos pide que nos sometamos a Él, y que dejemos todo lo que suceda a su amoroso cuidado.
A medida que crecemos en nuestro caminar con el Señor, la obediencia se convierte en la avenida a través de la cual lo conocemos mejor. Cuando le obedecemos, el Señor nos acerca más a Él y nos enseña más acerca de sus preceptos y de su amor.
La desobediencia envía un mensaje al Señor con el que declaramos que sabemos más que Él en lo que se refiere a nuestras vidas y a las circunstancias que las rodean.
Dios nos ama y está comprometido con nosotros. Nos manda obedecer, no porque sea un tirano, sino porque conoce las terribles consecuencias de la desobediencia y el pecado en nuestras vidas.
Sin embargo, Satanás tiene otro propósito en mente. Procura tentar a los creyentes para que desobedezcan a Dios, diciéndoles que no se puede confiar en las promesas de Él, y que podemos disfrutar más de la vida si ignoramos sus mandamientos.
Recuerde que la desobediencia siempre tiene repercusiones terribles: sentimientos de culpa, de vergüenza y de inutilidad; vidas destrozadas, matrimonios destruidos y amargas disputas, entre otras. Aunque el pecado jamás podrá cambiar el amor eterno que Dios les tiene a sus hijos, sí interrumpe nuestra comunión con el, Salvador y nos aleja de sus bendiciones. En tiempos de desobediencia nos debilitamos espiritualmente, y no podemos distinguir el bien del mal. Caemos cada vez más en las garras del pecado, y nos resulta imposible apartarnos por nosotros mismos de nuestra pecaminosidad.

Al poner en práctica los siguientes principios para nuestras vidas, comenzaremos a obedecer a Dios con determinación y con gozo, sabiendo que Él cumplirá todas sus promesas:
  • Confíele a Dios su vida y todas sus preocupaciones.
Usted no podrá equivocarse si pone su esperanza y su confianza en Dios. Él le creó y le ama con amor eterno. Por tanto, Él siempre le guiará de la mejor manera posible.
  • Espere en el Señor la respuesta a su problema o situación.
Cuando tenga dudas, niéguese a dar un paso más, a menos que sepa que Dios le está guiando.
  • Medite en la Palabra de Dios.
Cuando usted satura su mente con la Palabra de Dios, sabe qué piensa el Señor. Cuando venga una tentación, usted sabrá distinguir el bien del mal, y sabrá actuar de la manera correcta.
  • Escuche al Espíritu Santo.
Dios sigue hablando hoy a su pueblo. Nos habla a través de su Palabra, del Espíritu Santo, y por medio de las palabras de un pastor o de un amigo cristiano de confianza. Nos volvemos sensibles al Espíritu de Dios cuando pasamos tiempo con Él, orando y estudiando los preceptos de la Biblia.
  • Esté dispuesto a esperar o a apartarse cuando el camino frente a usted no esté claro.
Si usted desea agradar a Dios más que a todos los demás, la obediencia a Él requiere que se mantenga firme. Si no siente una guía clara en su situación, pídale a Dios que confirme su voluntad para usted en su Palabra. Él nunca contradecirá las Escrituras. Su voluntad para su vida siempre encaja perfectamente con lo que dice la Biblia.
  • Esté dispuesto a tener luchas.
Cuando la nación Israel entró en la tierra prometida bajo la dirección de Dios, tuvo que enfrentar la oposición enemiga. Dios rara vez nos deja sin problemas y conflictos. Si lo hiciera, no tendríamos ninguna razón para depender de Él. Dios permite la dificultad suficiente para que siempre acudamos a Él.
  • Deje las consecuencias a Dios.
La obediencia no será fácil; usted recibirá críticas de los demás, o enfrentará fuertes obstáculos y oposición, pero esto le pondrá en una posición favorable delante de Dios. Él se ocupará de todo lo que tenga que ver con usted; por tanto, manténgase en el camino de la obediencia, y deje lo demás a Él.


Charles  F. Stanley

Enfocarme menos en mí misma

EL OLVIDO DE UNO MISMO

El por qué enfocarnos menos en nosotras es mejor...
por Jen Pollock Michel



El yo quiere una vida “sin preocupaciones”.

 El yo se siente con derecho a la comodidad y la conveniencia. El yo es muy poco agradecido, y muy ambicioso.


Yo olvido un montón de cosas —en que lugar puse mis llaves, la hora de mis citas médicas, pero el más penoso de todos mis despistes es que no recuerdo donde guardo los nombres de las personas que necesito recordar. Inevitablemente, cuando trato de recordar el nombre de un nuevo compañero de trabajo, o el del papá de la compañera de clases de mi hija, es como si estuviera parada frente al refrigerador de mi casa, tratando de ver dónde se encuentra la salsa de tomate, y diciendo en voz baja: “Tiene que estar aquí, en alguna parte”.
Al igual que muchos otros padres, mi cerebro es como un taxi sobrecargado: demasiados pasajeros, demasiado equipaje. Algo puede suceder. Y mi condición de madre solo tiene la culpa en parte de mis ataques de amnesia. Vivimos en un tiempo en el que es fácil volvernos olvidadizos. Nuestra tecnología, dotada de gigabytes de memoria, tiene la tarea de recordarnos las cosas. Ya no memorizamos como antes los números de teléfonos o los ingredientes de nuestra receta favorita.
Nicholas Carr, en su libro The Glass Cage: Automation and Us(La jaula de cristal: La automatización y nosotros), habla de las consecuencias involuntarias de esa elección —el poder que delegamos a las máquinas. Un ejemplo de ellos está en la cabina de un avión; si bien el vuelo automatizado ofrece muchos beneficios, también es causa de accidentes. Las investigaciones demuestran que los pilotos han aprendido a confiar demasiado en el sistema computarizado. Esto los vuelve descuidados, y les hace desconfiar de la certeza de sus sentidos. Y cuando los sistemas automatizados fallan, algunos pilotos están —por desgracia de los pasajeros— desentrenados. Han olvidado cómo volar.
El reflejo de la memoria
Por muchas razones diferentes, olvidamos precisamente las cosas que tenemos la intención de recordar —incluso aquellas de las que depende nuestra vida. Pero hay algo que ninguno de nosotros parece inclinado a olvidar: a nosotros mismos. No olvidamos nuestros cumpleaños o como nos gusta que esté preparado nuestro bistec. Recordamos la talla de zapato que calzamos, y nuestro platillo preferido. Mantenemos un registro cuidadoso de los logros personales y de los fracasos notorios.
El centro de atención de nuestra memoria a corto y largo plazo es, entonces, nuestro yo, lo cual, en términos espirituales, puede ser desastroso. “En el momento que su ego es todo, existe la posibilidad de que usted se quiera poner en primer lugar, tratando de ocupar el lugar de Dios, en realidad”, escribe C. S. Lewis en Mero Cristianismo. Él creía que el “yo” es el prefijo de una multitud de pecados humanos, y que la tarea cristiana del arrepentimiento consistía en “desaprenderse de toda la vanagloria y toda la terquedad que hemos estado cultivando durante miles de años”.
Sin duda, la historia humana, según consta en la Sagrada Escritura, es un golpe violento montado por el “yo”. El yo quiere una vida “sin preocupaciones”. El yo se siente con derecho a la comodidad y la conveniencia. El yo es muy poco agradecido, pero muy ambicioso.
Despreciarse a uno mismo: ¿Virtud o debilidad?
Si el yo es el culpable de la rebelión humana, ¿significa esto que debemosdespreciarnos? Ciertamente, el impulso hacia el autodesprecio (y a hacerse daño físico a uno mismo) ha florecido en ciertos momentos de la historia del cristianismo. Los ermitaños y los monjes que huyeron de las ciudades al desierto (a partir del siglo III d. C.) lo hicieron para buscar recogimiento espiritual y practicar el autosacrificio, Muchos eligieron prácticas de austeridad extrema, renunciando a toda forma de placer.

El Señor Jesús nos da un ejemplo de esto en Juan 4. Él conoce el pasado de la mujer samaritana que ha venido a sacar agua: se había casado cinco veces, y ahora estaba viviendo con un hombre que no era su esposo. La conversación giró en varias direcciones diferentes —de su historia personal, de sus preguntas teológicas. Y cuando los discípulos regresaron finalmente con el almuerzo que habían ido a comprar a la ciudad, se sorprendieron al ver a Jesús hablando libremente con esta mujer samaritana. “Ra
Pero Jesús no fue masoquista. Su primer milagro, realizado en una boda, no fue para curar a alguien, sino para ayudar en una celebración. Tampoco ignoraba sus propias necesidades físicas: se retiraba de las ruidosas multitudes para poder comer y dormir. Y cuando le llegó el tiempo para morir, no entró en el palacio de Pilato con los brazos extendidos, implorando ser esposado y crucificado. Derramó lágrimas al pensar en su propio sufrimiento, e incluso preguntó si no habría otra manera (Mt 26.36-46). El ejemplo de Jesús niega la “virtud” del desprecio, pero revela algo mejor —el olvido de uno mismo.
“Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis", les responde Jesús.
En ese momento, Jesús había olvidado el hambre que tenía. Se había olvidado, literalmente, de sí mismo. Y no fue la insolación lo que provocó la aparente amnesia —era la misión que le había sido dada por su Padre: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (v. 34). Por su atención al ministerio, Jesús se había deshecho del voluminoso equipaje de la preocupación por sus necesidades.
Como dice Tim Keller: “La esencia de la humildad evangélica no está en considerarme más ni en considerarme menos, sino en pensar menos en uno mismo”. Olvidarse de sí es poner a Dios y al prójimo en el centro de nuestro corazón y de nuestra mente.
La oración por la preocupación personal
Si no se nos pide que nos despreciemos, tampoco debemos fingir que nuestras necesidades no importan. De hecho, Jesús nos enseña a orar por el pan de cada día. Pero, como podemos ver en el Padrenuestro, las peticiones personales no son la primera prioridad —sino la alabanza. Como explica N. T. Wright en su libro The Lord and His Prayer (El Señor y su oración): “Si analizamos con detenimiento la oración, podremos ver una inversión de prioridades. Las necesidades son las mismas; pero el orden es distinto. Y con ese cambio, pasamos de la angustia a la fe”.
“Padre nuestro que estás en los cielos” es un remedio ideal para sanarnos del egocentrismo, y de lo que nos impide dormir por las noches por la preocupación de lo que traerá el futuro. El “venga tu reino” orienta nuestras peticiones hacia la obra más grande de Dios en el mundo, en vez de enfocarla hacia nuestras comodidades. La oración fertiliza la confianza inquebrantable en la que crece saludablemente el olvido de nosotros mismos. Si Dios se preocupa por nosotros, ¿por qué angustiarnos? “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt 6:32, 33).
Orar significa olvidarnos de nosotros mismos. Así que cuando oremos, confiemos en la memoria de Dios —Él nunca olvida un nombre o una necesidad.

El silencio de Dios

“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias” 
Isaías 54:7

A lo largo de nuestro peregrinaje terrenal debemos esperar en ciertas ocasiones la disciplina que viene de Dios. Esa disciplina adoptará muchas veces la forma de circunstancias aflictivas para despertar nuestras conciencias adormecidas. Otras veces se manifestará con la pérdida o deterioro de nuestra salud física. Son medios que Dios usa como megáfono para que reconsideremos nuestros pasos.
Otro método disciplinario de Dios es su silencio. Aveces nos sentiremos como barco a la deriva, dejada a su suerte y abandonada por la mano de Dios. Nuestra alma se llenará de angustia al clamar a Dios con desesperación y recibir de Él como respuesta su silencio. Esa fue la experiencia del salmista David en el Salmo 13:1. Tres veces pregunta David “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?". Sin recibir respuesta alguna. Pero a pesar del silencio divino, el salmista se mantuvo confiado y esperando, sabiendo que al final, Dios sólo le haría bien (Sal 13:5-6).
Ese fue también el trato disciplinario de Dios para su pueblo en el AT; Israel había sido desleal a Dios, rebelde a su palabra, y había fornicado yendo tras dioses ajenos. ¿Qué hizo Dios para traer su gente a reconciliación? Sencillamente, ocultó su rostro por un tiempo hasta que ellos sintieron el peso de su abandono: “Por un breve momento te abandoné…”, dice el profeta Isaías.
Amadas, si hay un silencio angustiante es el silencio de Dios. Sentir que uno clama y derrama su alma, y nada; todo es silencio, quietud, pasividad y tensa calma. No hay experiencia más mortificante para el creyente que sentir que los cielos son de bronce para sus oraciones (Dt 28:23).
Pero siempre hay una nota de esperanza en los diferentes tratos de Dios para con sus hijos. Isaías 54:7 nos recuerda que no sólo podemos, en ocasiones, recibir como respuesta el silencio de Dios. Sino lo que es más importante y glorioso: que Dios nunca nos privará de sus misericordias, no importa las circunstancias en que nos encontremos.
Basta con ver cómo concluye el profeta: “… pero, te recogeré con grandes misericordias”. Si grande fue la disciplina, mayor es su misericordia. Sabemos que ninguna disciplina es causa de gozo en el presente, pero cuando vemos los frutos de justicia que se derivan de ella (Heb 12:11), entonces comprendemos el silencio momentáneo de Dios, agradecemos su disciplina y le glorificamos por corregirnos y traernos de nuevo a su redil, su voluntad, y su corazón.
Oración: Gracias Padre por las múltiples maneras que empleas para llamar nuestra atención. Gracias porque Tus métodos son santos, justos y muy efectivos. Gracias porque Tu disciplina es por un breve momento. En el nombre de Jesús, Amén
Carmen de Cordiel

Fundamentos de la Intimidad con Dios: Principio de Vida 1

PRINCIPIO DE VIDA 1


Nuestra intimidad con Dios, que es Su prioridad para nosotros, 
determina el impacto que causen nuestras vidas.

Génesis 1.26
Una de nuestras mayores necesidades es saber que somos amadas. Cada una de nosotras debe tener la certeza, en lo más profundo de su corazón, de que alguien nos ama, de que alguien se preocupa por nosotras y desea lo mejor para nosotras.
Así nos hizo Dios. Él quiere que sepamos que nos ama a cada una con una intensidad que excede a lo expresable con palabras.
Dios creó a los seres humanos teniendo en mente una relación, primero con Él, y luego con otros. Pero no podremos amar plenamente a los demás hasta que hayamos experimentado personalmente el amor de Dios. Experimentamos su amor cuando nos rendimos voluntariamente a su llamado de ser nuestro Salvador, Señor y Amigo.
Dios creó a los seres humanos teniendo en mente una relación, primero con Él, y luego con otros.
Hay, al menos, tres razones para que Dios procure nuestra entrega:
·Él nos ama y desea nuestra comunión y adoración.
Mientras no le demos todo a Dios, no podremos conocerle plenamente ni experimentar del todo su amor. Cuando nos rendimos a Él, lo tenemos todo de Él.
·Él quiere que nuestro servicio a Él sea eficaz y fructífero.
Cuanto más conozcamos y amemos a Jesús, más eficaz será nuestro servicio. Cuanto más nos acerquemos a Dios, más impacto tendrán nuestras vidas. Cuanto más alimentemos nuestra relación con el Señor, más importante y positiva será la huella que dejemos.
·Él espera hasta tener la libertad para bendecirnos.
Dios es omnipotente, pero no violará sus propios principios. Nos acerca a Él para que podamos experimentar su amor y su perdón. El Señor nos pide nuestra entrega voluntaria para poder darnos sus mejores bendiciones.
Entonces, ¿por qué nos resistimos? Sabiendo todo esto, ¿por qué nos resistimos a rendirnos a Él?
El orgullo es la razón principal que les impide a las personas rendirse al Señor. Piensan que saben más que Dios y que pueden manejar sus vidas mejor que Él, por lo que le mantienen a una distancia prudencial.
Otros no se rinden porque tienen miedo de lo que Dios hará (o no) con ellos. Piensan que si le dan el control, Él les obligará a hacer justo aquello que los hará más desdichados.
Otros se niegan a rendirse a Cristo porque creen la mentira de Satanás, que les dice que Dios es condenatorio y que les castigará por sus errores.
¡Todo esto es completamente falso! Dios tiene siempre en mente lo mejor para nosotros. Nunca nos negará algo bueno si nos sometemos de buena gana a su voluntad (Ro 8.32). Él nos dice: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jeremías 29.11).
Lo único razonable es rendirse a Dios, porque cuando lo hacemos nos acercamos más a Él —su prioridad para nosotros— y empezamos a tener un impacto en este mundo.
Pídale a Dios que le acerque una vez más a Él.

Alcance su destino. Anne Graham Lotz le comentó en cierta ocasión a un entrevistador las muchas pruebas que había enfrentado en los últimos años, entre ellas las serias enfermedades de sus padres y la batalla de su hijo contra el cáncer. Al final ella llegó al punto donde lo único que anheló tener fue a Jesús. «Denme sólo a Jesús», declaró.
Anne había entendido que si tenía una relación personal, íntima, con el Salvador del universo, entonces todos los problemas que enfrentara los encararía Él con ella, y Dios traería una dulce determinación y paz a su corazón.
¿Es este el clamor de su corazón? ¿Quiere usted conocer al Salvador y vivir en la plenitud de su bendición cada día? 
Puede hacerlo. David escribió: «Los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien» Sal 34.10 Cuando usted aceptó a Jesús como su Salvador, el Señor no sólo le perdonó, sino que también le convirtió en una nueva criatura, ya no alejada de Dios, sino capaz de acercarse a Él.

Si usted se ha alejado de su devoción al Salvador y siente como si se apartara cada día más de su relación con el Señor, ore entonces para que Él le acerque una vez más. Dios conoce sus debilidades, y si usted le dice que asuma el control de su vida, Él vendrá a usted con poder trayendo luz y esperanza a su situación, no importa lo oscura y desesperada que parezca."Busquen al Señor mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano." Isaías 55.6, 7. 
Por Charles Stanley

martes, 1 de diciembre de 2015

¿A qué mujer de la Biblia me parezco yo? Quiero ser como Débora

             DEBORA

Compartido por 
Larissa Annek de Estrada


Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sisará (Jueces 4:9)

Débora es una mujer líder, ejemplo en valentía, en autoridad, en amor y dominio propio. Una mujer con visión y poder, se pudiera comparar en la actualidad con las mujeres que no se dan por vencidas, sino que salen a la guerra para luchar cada día con cada situación que se les presenta y vencen todo obstáculo para salir adelante ellas, sus hijos, su familia, su trabajo y triunfar en todas las áreas de su vida. Son mujeres que aman a Dios, se aman a ellas mismas y aman a su prójimo y todo lo que Dios pone a su alrededor, son mujeres que no se pueden dar el lujo de quedarse dormidas, porque conocen los tiempos, y tienen la sabiduría de Dios para actuar cuando es necesario.
Débora estaba en un lugar privilegiado, estaba casada, era juez, pero en un momento de su vida, tuvo que pelear por el pueblo de Israel, no tenía opción, Dios le había mandado a Barac que él lo hiciera, pero el no quiso ir a la guerra si no iba Débora con él, ella se levantó como Madre del pueblo de Israel para luchar, no se quedó dormida en sus laureles, ella despertó a la necesidad que apremiaba y Dios le dio la victoria, porque dice la palabra "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Josué 1:9)
*       PORQUE DEBORA FUE UNA MUJER CON VISION Y PODER?
1- PORQUE DESCUBRIO LA NECESIDAD Y SUPO QUE HACER
2. - PORQUE SU CONFIANZA PLENA ESTABA EN DIOS
3. - NO SE QUEDO SENTADA BAJO LA PALMERA, SE LEVANTO
4. - CON DECISION, SABIA, PIADOSA, POSITIVA
5. - PORQUE VIO AL PUEBLO COMO SI ELLA FUERA LA MADRE DE ISRAEL
6. - PORQUE SE LEVANTO EN EL TIEMPO QUE DIOS LO TENIA DETERMINADO, NI    ANTES NI DESPUES.
7. - PORQUE FUE CAPAZ DE INFLUENCIAR A TODO UN PUEBLO PARA PONER SU CONFIANZA EN DIOS.

8. - PORQUE SUPO ADMINISTRAR SU TIEMPO PARA SER ESPOSA, JUEZ Y PROFETISA
9. - SIRVIO CON AMOR Y DEVOCION
10. -CUANDO DIOS LE DIO LA VICTORIA LE DIO TODA LA GLORIA A ÉL.
En este tiempo que vivimos se necesitan muchas mujeres como Débora, que no tengan temor, usen el poder, el amor y el dominio propio que Jesucristo les ha dado y no se queden dormidas, mientras el enemigo de nuestras almas quiere robar, matar y destruir las familias, los hijos, las vidas, y todo lo que Dios les ha dado, ___“No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas “: Nehemías 4:14
                                     
                   Mujer guerrera firme y valiente

Jueces 4 
Hoy Dios te llama mujer guerrera; en la Biblia esta fue Débora. Israel (el pueblo) venía hacia ella a consultar sus problemas. Ella acostumbraba sentarse bajo una palmera conocida como “la palmera de Débora”. __Era el lugar de reposo para esta mujer. ___Ella se caracterizaba por su valentía y obediencia.
A través de esto Dios le dio honores al obtener la victoria después de 20 años que Israel sufrió con “crueldad y violencia” (vs. 3).
Débora gritó, animó y afirmó la victoria contra el jefe sisará: “Débora dijo: ¡En marcha, que hoy Dios nos dará la victoria sobre Sisara! ¡Y Dios mismo va al frente del ejército!” (vs. 14).
¡Mujer Guerrera!      ¿No es fácil hoy hacer frente a los múltiples problemas?
 Ven hoy debajo de la palmera de Dios dónde vas a encontrar la solución y las victorias que necesitas para derrotar a todo lo que se levanta en contra tuya, de tu hogar, tu familia, etc. 
Si te preguntas y dices: “yo no soy como Débora”, aun así, Dios puede hacer de ti una Débora valiente; ve al campo de batalla o si ya estás en él, entiende esto: “Dios mismo va al frente de tu ejército” (vs. 14).
La fe ve a tu enemigo derrotado. Aunque no veas o sientas la victoria, comienza hoy a declararla. 
Mujer amiga, estamos en guerra con Satanás desde que conocimos a Cristo, y le declaramos la guerra.
¿Tienes guerras? ¿En tu familia? ¿Con tus hijos o esposo?
Sigue luchando, Dios te eligió como capitana del ejército. Si piensas que no reúnes los requisitos, Dios te va a capacitar para conquistar los enemigos que nos rodean todos los días. Pero es necesario aprender a sentarnos bajo la palmera, esto quiere decir, reposar en Dios, esperar en Él, entregárselo todo, no reserves nada para ti, Él quiere que confíes.
 Deposita hoy tu carga, quita el peso de tu espaldas y allí te vendrá el canto de victoria cómo cantó Débora en Jueces 5:1,  “Entonces yo, Débora, me levanté para defender a Israel como defiende una madre a sus hijos.”


LA ETAPA 3 FUE BASADA EN EL LIBRO DE JODI DETRICK

La Mujer al Estilo de Jesus: 10 Cualidades de la Lider Con Influencia Perdurable y Conmovedora - Detrick, Jodi, and Weaver, Joanna (Foreword by)

Etapa 3 de Abrazadas por Su Gracia
"Atrévete a vivir en plenitud"
Devocionales adaptados de este libro...

¿Te interesó alguno de los temas que desarrollamos durante el mes de noviembre? 
Esta sucediendo por todas partes. Las mujeres están buscando maneras de crecer y usar los dones de liderazgo que saben que Dios les ha dado y que tienen en su interior, y a pesar de los obstáculos, abundan las oportunidades? Que haría falta, no solo para perdurar como una mujer que dirige, sino que además influye de una manera entrañable y en la cual se puede ver un corazón al estilo de Jesús? Cuando de liderazgo se trata, Jodi Detrick cree que: si tienes un corazón, puedes aprender esas habilidades. La Mujer al Estilo de Jesús es la guía de Jodi para ayudar a las damas--desde las novatas, hasta la veteranas que han sido líderes por muchos años--a desarrollar diez cualidades esenciales para un liderazgo dinámico y encantador. Con una mezcla de humor cálido y compasión de quien ha pasado por esa situación, Jodi entreteje relatos memorables, percepciones bíblicas y una gran cantidad de sabiduría tomada de la vida real producto de su largo viaje en el liderazgo. En la Mujer al Estilo de Jesús, usted: aprenderá a liderar a pesar de los desafíos tanto externos como internos; descubrirá como maximizar los dones de liderazgo que Dios le ha dado; explorara vías para enfrentar a los problemas y a las personas con serenidad; desarrollara y resguardara su intimidad con Dios.

FUIMOS ABRAZADAS POR SU GRACIA Y MINISTRADAS PARA SEGUIR ADELANTE SIENDO MODELADAS POR JESUS.. MUJERES IMPERFECTAS.. BUSCANDO A UN DIOS PERFECTO... PARA SER TRANSFORMADAS Y PODER TRANSFORMAR.

LEER NOS TRANSFORMA

CLUB DE LECTURA PALABRAS CON VIDA DISFRUTAR ENTRE AMIGAS  DE LA LECTURA ACTIVA Y GRUPAL, EL CONSEJO DEL MEJOR LIBRO QUE...